Escucha el último disco de Laboa, no tiene surcos.
hazlo en mi giradiscos 71, dentro tiene una piedra imantada.
La aguja está ya plana, el diamante ahora es negro.
Tengo que salir del colmado donde he comprado la papa criolla,
me marea la sensación de un abismo conocido.
El gingle de Repsol una y otra vez.
Tenemos que volver por el mismo camino.
He visto a Collor de Mello en la favela de Rocinha,
tenía los zapatos manchados de excremento de lagarto.
¿De dónde sacaron a este tío?
Vamos calla ya y pon el disco.
Laboa canta a los pájaros.
miércoles, 12 de octubre de 2016
miércoles, 13 de junio de 2012
la pista de skate
Pensaba que podía haber entrado
recuerdo el beso sobre la pista de skate
una verja verde se interpone entre nosotros
un muro y una trinchera me separan del momento
un dragón de hierro arremete contra el que pase
La pista de skate está ahora vacía
http://www.flickr.com/photos/iongonzalez/7073305683/in/photostream
A Murrieta
Salta la mañana entre las
brumas coloridas del jardín botánico.
Rascacielos apilados en sartas.
Los peces rojos comen monedas de cemento.
Murrieta tira la cartera en día de tormenta.
Las olas golpean la estatua
reformada y políticamente correcta.
La torre de la iglesia vigila la
sábana del fantasma del banquero.
A las 4 de la mañana ya
nadie vigila.
Gritos de esclavos en la bodega
de los barcos pudriéndose en Cádiz.
En las plantaciones de caña se oyen los gritos.
Cri-cri- cri
La sábana cubre el fantasma del
banquero.
brumas coloridas del jardín botánico.
Rascacielos apilados en sartas.
Los peces rojos comen monedas de cemento.
Murrieta tira la cartera en día de tormenta.
Las olas golpean la estatua
reformada y políticamente correcta.
La torre de la iglesia vigila la
sábana del fantasma del banquero.
A las 4 de la mañana ya
nadie vigila.
Gritos de esclavos en la bodega
de los barcos pudriéndose en Cádiz.
En las plantaciones de caña se oyen los gritos.
Cri-cri- cri
La sábana cubre el fantasma del
banquero.
martes, 12 de junio de 2012
Sombras y manchas solares.
Y esperé a la noche y el camino se
iluminó entre las luces de los
coches.
Una línea curva que olía a
amanecer y llegué
temblando.
¿De dónde estamos hablando? Dice
la voz del televisor; todo depende
del plano focal.
Hay una sombra en la noche
donde se proyecta el sol.
Sólo hay un camino, iluminado de
sombras y manchas solares.
iluminó entre las luces de los
coches.
Una línea curva que olía a
amanecer y llegué
temblando.
¿De dónde estamos hablando? Dice
la voz del televisor; todo depende
del plano focal.
Hay una sombra en la noche
donde se proyecta el sol.
Sólo hay un camino, iluminado de
sombras y manchas solares.
domingo, 25 de julio de 2010
martes, 6 de julio de 2010
Etxean zagoz
Ondo lo egin
etxean zagoz
Ondo jan
etxean zagoz
ondo pentsatu
ondo eztabaidatu
etxean baitzagoz
etxean zagoz
Ondo jan
etxean zagoz
ondo pentsatu
ondo eztabaidatu
etxean baitzagoz
Fin de semana en Tánger
No recuerdo como, pero se nos acercó Abdul. Buscaba pasar el fin de semana con la gasolina suficiente como para pasar una semana de su vida conduciendo su ridículo seat panda. Abdul nos propuso enseñarnos Tánger si nosotros pagábamos la gasolina. Accedimos. El primer sitio que conocimos fue una cueva con la forma de África; lugar de peregrinación de la burguesía tangerina. Nos interesaban los porros así que Abdul nos consiguió el mejor material de la zona norte; el mejor y el más caro. Abdul era un pesado pero a mi me divertía. Me divertía ir con el coche a 20 por hora observando a todas las chavalitas que se cruzaban en nuestro camino por el paseo principal de Tánger. Llevábamos las ventanillas bajadas y la música a tope. Música que salía del interior eléctrico de un bafle enorme colocado de manera arcaica en una bandeja del seat panda troquelada para tal efecto y forrada de piel de oveja. ¡Cómo me gustaba aquel sentimiento insolente! Éramos los reyes de toda África. La verdad es que Abdul nos cobraba la gasolina a precio de oro pero merecía la pena. Insistió en que si íbamos al Rif que le llamáramos y mejor nos habría ido si le hubiéramos llamado. Toma ya. Nos llevó al faro de Malabata donde conocimos al farero. Subimos hasta arriba y vimos la puesta de sol. Juro que nunca vi puesta de sol más rápida que aquella; cuestión de latitudes, digo yo. Aquel tajic, que pagamos nosotros claro está, estaba fenomenal; ojalá que un día pueda repetir la experiencia. Estuvimos alojados en el Ibn Batuta, donde uno de los encargados nos invitó a pasar una noche en la terraza del hotel fumando su "has", nosotros le ofrecimos nuestra gena que obviamente rechazó; aquella gena la habíamos conseguido justo después de bajarnos del ferry. Se nos acercó un gilipollas ofreciéndonos cobijo y no se me ocurrió otra cosa que pedirle "has". Menos mal que Abdul nos arregló unos gramos. ¡Bien por Abdul!
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